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 HOMENAJE POSTUMO AL POETA ROQUE OCHOA
1932-1998
Por Segisfredo Infante
 
 

EL FILTRO DEL DOLOR
 

    Fumaba lentamente y tenía la mirada puesta en otra dimensión. Semejaba un personaje de película española en blanco y negro y por entonces ignorábamos su nombre. Pero ahí estaba sentado, indiferente a todo, rumiando algún soneto amoroso o algún panfleto sindical. Casi no hablaba con nadie porque hacía poco tiempo le habían extirpado un tumor canceroso en la boca. Se llamaba Roque Ochoa Hidalgo y llegó a convertirse en pocos meses en uno de nuestros más entrañables amigos.
    De ello hace exactamente veinte años. El tiempo ha transcurrido como el agua y ha golpeado sobre el pecho llevándose a un amigo para siempre. el caso es que el domingo 26 de Abril del año en curso fuimos a dejarlo al cementerio  y a enterrarlo en lo más tierno de nuestros corazones, desde donde habrá de resurgir como un manojo de lirios primaverales.
    Es extraño, rotundamente extraño, que hasta el momento en que los seres queridos se marchan hacemos un inventario minucioso y sincero de sus muchas virtudes y de sus escasos defectos. Respiramos profundo y aquí mismo recordamos que la sonrisa de don Roque era inocente, y muy dulces sus palabras al dirigirse a sus amigos y a las personas que habían tenido el privilegio de cosechar su cara estimación.
    Era noble y humilde don Roque hasta el extremo del autoflagelo personal. Pero también era un pozo de conocimientos sobre múltiples renglones de la vida. Conocía de cerca la historia del movimiento obrero internacional; la literatura española desde el  "Mío Cid" hasta el romancero de García Lorca; adoraba a William Shakespeare, al Quijote de la Mancha, a Rubén Darío y desde que lo conocimos se deleitaba rememorando los versos del "Cantar de los Cantares" adjudicados al sabio Salomón y los versos existencialistas de Porfirio Barba Jacob y del poeta persa Omar-el-Khayyam.
    Llegué a conocer a don Roque como pocas personas podrían ufanarse de conocerlo. La mayoría d la gente y de sus ex-compañeros sindicalistas, sabía de las exterioridades de su vieja militancia obrera. Nada más. Pero la mayoría de ellos desconocía qué cosas don Roque había leído en su adolescencia, qué temas de la vida y de la muerte lo angustiaban y cual fué su proceso de distanciamiento respecto del llamado movimiento obrero hondureño. Desde que empecé a tratarlo a comienzos de 1978 me enteré que me encontraba frente a un extraordinario sonetista tímido que sus compromisos con la clase trabajadora sabía alternarlos con sus enormes inquietudes existencialistas.
    De repente fuí la primera persona a quién él tuvo el coraje de mostrarle sus poemas intimistas y a confidenciarle sus lecturas de las obras filosóficas de Jean Paul Sartre y de Sören Kierkeggard. sabía por lo menos que los marxistas ortodoxos ignoraban o rechazaban esa clase de lecturas. Después, ya en los años ochentas, entramos en una sana complicidad en la búsqueda casi desesperadade la obra completa de los filósofos antes mencionados y de otros existencialistas, especialmente del recio trabajo filosófico del pensador contemporáneo Martin Heidegger. Naturalmente que por su marcado interés y por su temperamento don Roque llegó a aventajarme en la lectura de estos intrincados temas y a consubstanciarse con las variables filosóficas del absurdo y del posible sentido de la existencia.
    Escribió y publicó sesudos ensayos de crítica literaria desde una perspectiva netamente existencialista. Sus poemas de los años ochentas y noventas estaban cargados del contenido de su filosofía favorita. Estudiaba y trabajaba la literatura sin importarle para nada el ruido de la fama y de los premios. Le interesaba únicamente el contenido de los textos, el rigor, la buena música, la amena conversación y su deleite personal.
    Le supliqué a don Roque que evitara la jubilación. yo estaba convencido que una sobredosis de soledad le iba a causar demasiado daño. Sin embargo trató de convencerme que ya jubilado podría dedicarse plácidamente a su Beethoven, a su María Callas, a escibir como nunca y a leer, como él solía decirlo a su amado Sören. en los últimos meses de su vida, quizás incentivado por los versos de Omar-el-Khayyam, don Roque retornó al sendero de las uvas fermentadas del desencanto. Su salud era muy frágil y nosotros inconscientemente le dejamos más solo que nunca. No era hombre diseñado para un extremo de soledad, y ahora nuestro corazón gotea el líquido precioso por el filtro del dolor.

 

DOS POEMAS POSTUMOS DE DON ROQUE

LAS MITICAS ESTRELLAS
                       "...un infinito desaparecer..."
                                     Sören Kierkeggard
 

Pasan...y pasan...seguirán pasando
procelosas, del tiempo a la deriva...
Son sombras...sólo sombras que transcurren
en fuga irreversible por el mundo...
Del azar son los vástagos efímeros
que pasan brevemente y al acaso,
sin fines, ni propósitos, ni metas
más allá de su propia contingencia.

Son sombras...sólo sombras pasajeras
de ilusos delirantes soñadores
que pasan con ingenuas esperanzas
en pos de la esmeralda de sus sueños;
a la zaga van siempre del futuro,
un lejano futuro inaccesible
que siempre del "ahora" va delante,
allende todo tiempo prefijado,
allende los minutos y el instante...

Mas ellos seguirán siempre pasando...
orientados por míticas estrellas
van en pos de la "tierra prometida",
soñando con un reino milenario,
un reino de bonanzas y de júbilos
donde corren las riquezas a torrentes,
un reino de justicia levantado
por ellos todos juntos abrazados
en única y fraterna voluntad.

Y pasan... pasan...seguirán pasando...
ilusos, delirantes, soñadores,
van en pos de sus míticas estrellas
con sus cándidos cantos optimistas
y sórdidas y rudas maldiciones.

Un día pasarán sobre mi tumba...
Cuando yazga sub-tierra sin sentidos,
sin músculos, ni nervios, ni conciencia,
sobre mis huesos dejarán su impronta,
himnos cantando, siempre alucinados
por radiantes y míticas estrellas.

(Yo lloro tristemente sin consuelo,
ya que tan sólo soy como ellos.)
 

AL ANDANTE CABALLERO
GENERAL don FRANCISCO MORAZAN

                          a don Guillermo Emilio Ayes (p)
                          ferviente morazanista.
 

Mi tierra, General, con sus montañas
de pinos taciturnos, erizadas,
conoce de la luz de tus miradas
y guarda tu legado en sus entrañas.

El crimen y la muerte telarañas
inútiles tejieron fracasdas;
presente de la Patria en las jornadas
hoy vives, General, nuevas campañas.

Las huellas luminosas de tus pasos,
en cimas, en abismos y llanuras,
en albas, meridianos y en ocasos
perviven, General, y en las más puras
virtudes de tu pueblo, con los lazos
eternos de amor de nuestra Honduras.

 
 

CONVERSACIONES CON EL POETA HIDALGO
                               (primera parte)
 

    Nuestras primeras conversaciones estuvieron cargadas de suspicacia. Luego se tornaron simples, o más cristalinas que el agua de castalia que mencionaba en sus "Cantos de Vida y Esperanza" el gran Rubén Darío. Justamente el poeta nicaragüense habría de significar para don Roque y para mí, un motivo de permanente conversación. Ello ocurrió en el primer semestre de 1978, ahí por el mes de Marzo o quizás por el mes de Abril.
    Más tarde seríamos asiduos parroquianos de la cafetería "Metropolitana", ya desaparecida, que se localizaba a pocos metros del Cine Clamer de Tegucigalpa. Se decía por aquél entonces que ahí se disfrutaba el mejor cafecito centroamericano. Ya teníamos confianza y habíamos aprendido a bromear con don Roque, por eso en tono jocoso bautizamos el tal establecimiento con el nombre "Cafetería Totalitaria", porque el dueño del edificio era un respetado marxista-stalinista, y el administrador y dueño del negocio era un fascista italiano, admirador de Mussolini, cuyo nombre es imposible recordar.
    Cuando queríamos conversar únicamente de nuestras cosas sin interrupción de algunos otros parroquianos y amigos, el poeta Hidalgo y el autor de estas líneas nos trasladábamos a tomar cafecitos expresos a "La Gran Vía" o al "Jardín de Italia" (ambos establecimientos igualmente desaparecidos). Si queríamos ingerir unas copas de buen vino, que a veces se multiplicaban en sus días y sus noches y provocaban cuadros de tragedia en la vida de don Roque, nos instalábamos en la Cafetería "Marbella" donde éramos atendidos por Angelita y por una elegante mestiza con cabellera de sirena llamada Dina. Pero si deseábamos entrar en mayor intimidad, nos marchábamos para el Barrio San Rafael de Tegucigalpa y en donde "Mayita" (la madre exquisita de don Roque cuyo verdadero nombre era doña Rafaela) nos colmaba de atenciones. Le habíamos caído muy bien a Mayita. Entonces ingeríamos muchas tacitas de café y escuchábamos música clásica hasta decir ya no. Estoy hablando aquí de los años ochentas y ya éramos auténticos amigos con don Roque...Recuerdo que aunque yo era un simple Perito Mercantil y Contador Público el poeta Ochoa Hidalgo me llamaba "Doctor Segisfredo" comparándome cariñosamente y demasiado condescendientemnete con uno de los filósosfos y teólogos sutiles de la Edad Media, con Escoto Erígena o con Santo Tomás de Aquino...
    Fué don Roque Ochoa Hidalgo quién me enseñó a conocer el exquisito poeta persa Omar-el-Khayyam. Sin embargo don Roque aseguraba que las personas que más habían influído en el curso de su existencia y en su forma de pensar, eran el profesor Gustavo Adolfo Alvarado, el licenciado Guillermo Emilio Ayes, el psiquiatra Octavio Sánchez Midence y Segisfredo Infante. En realidad desde el momento en que nos hicimos y confidentes nuestras formas de pensar y de comportarnos ya no fueron las mismas, pues ocurrió que llegamos a influirnos mutua y profundamente.
    La verdad es que aunque yo era veinticuatro años menor que él, teníamos puntos de sólida coincidencia en la literatura universal y algunas inquietudes comunes. Seguíamos fascinados con la obra cuentística de Edgar Allan Poe y con la poesía de Ruben Darío. Siempre que podíamos o venía al caso repetíamos en voz alta algunos versos del poema "Lo Fatal". Yo le conduje a conocer a Octavio Paz, Gaston Bachelard y sobre todo a Jorge Luis Borges. Por su parte don Roque me enseñó a respetar a García Lorca y a Miguel Hernández. Este último lo había influído considerablemente en la técnica magistral del soneto.
    Casi desde el mismo momento en que nos conocimos el poeta Ochoa Hidalgo, en forma de sondeo, quiso ruborizarme con sus inclinaciones medio pesimistas y medio existencialistas. Ello porque frente a otras personas amigas suyas, mantenía severas reservas en el sentido de poder exteriorizar sus simpatías en torno al existencialismo "hereje" ajeno al marxismo-leninismo. Me hablaba del "gusano universal" edgar-allan-poeneano que corroe toda la materia viviente. También me recordaba las angustias de Porfirio Barba Jacob y comentaba sus lecturas inconclusas del "Ser y la Nada" del filósofo francés Jean Paul Sarte . Igualmente leíamos juntos los preciosos cuentos y la novela "Dorian Gray" de Oscar Wilde. Y como sabía a perfección que por esos años (comienzos de los ochentas) yo era un joven escéptico del tipo goetheano desencantado, me hablaba de su vieja formación católica que a partir de las encíclicas sociales algún día habría de retomar. Por mi parte le comentaba acerca de la cercanía con el ex-sacerdote Juan Antonio Vegas, con quien llevaba en la UNAH cursos libres de filosofía medieval, y un poco de latín.
    El asunto es que don Roque había abandonado su catolicismo, su eterno de amor a Erundina y su poesía juvenil (medio jacobinista) para sumergirse, como a los veintiocho años de edad, en las lides del movimiento obrero hondureño. Nuestro encuentro, quiérase o no, favoreció al retorno a la poesía y a sus truncadas lecturas existencialistas. Desde luego que siempre continuó simpatizando con los desheredados de toda la Tierra, pero ya no podría abandinar jamás sus obsesiones filosóficas en torno de la vida y de la muerte. Los libros de Sören Kierkeggard lo acompañarían hasta la última semana previa de su vida. (Martin Heidegger sería una pura recurrencia teórica en sus textos de crítica literaria).  
     La revista "Frente" y "18 Conejo" son los testigos bibliográficos de nuestras mutuas, lentas y dolorosas trancisiones hacia una cosmovisión sustancialmente distinta de la historia, de la vida y del universo. Don Roque se hizo existencialista casi en un cien por ciento, y el autor de estos renglones evolucionó hacia una especie de "ratio-vitalsimo" más o menos ortegueano, auxiliado por el pensamiento de escritores como T.S. Elliot, Jorge Luis Borges y Octavio Paz.
    Por razones de salud don Roque se fue aislando. Dejó de acompañarme a las cafeterías y ya no quiso ir al cine. Se refugiaba en su música y en sus libros. Uno de sus más queridos sueños era visitar España, contemplar el abile Flamenco y asistir a la fiesta brava de Sevilla. Nunca lo pudo realizar y lastimosamente murió con ese sueño. Siempre lo visité en su casa de San Rafael, luego en la colonia San Miguel y por último en la colonia Kennedy. Aunque Mayita me recomendó, antes de fallecer, que le cuidara a don Roque y que le impidiera recaer en la bebida, la verdad es que en los últimos meses de su vida, por problemas y por razones involuntarias de mi parte, me había alejado de su casa.
    Don Roque Ochoa Hidalgo, fino poeta, formidable ensayista y extraordinario sonetista hondureño, murió a causa de una sobredosis de soledad. Siempre añoraré su cálida presencia, su nobleza y su distinguida personalidad. Ahora mismo percibo la vibración de sus palabras en el aire. Su verbo es en mi corazón tan dulce como la miel. Su suave conversación es sólo comparable con la de mi amigo ex-sacerdote Juan Antonio Vegas (QEPD), con las charlas del poeta Edilberto Cardona Bulnes (QEPD), con la lectura de los salmos del rey David y con el incisivo Eclesiastés atribuido al rey hermoso, el sabio Salomón.
 
 

MAS POEMAS DE DON ROQUE OCHOA HIDALGO
 

FRANCIS FUKUYAMA
                   a Juan Ramon Martínez
 

"La historia ha terminado"; tal afirma
-en renovado trascender de Hegel-
Francis Fukuyama, ilustre sabio
y serio pensador contemporáneo.

"La historia ha terminado". Es inquietante
tan grave afirmación; y mil preguntas,
en el silencio de la noche insomne,
se ciernen sobre mi alma: ¿Acaso el hombre
ha alcanzado, por fin, la más perfecta
e inmutable plenitud del Ser?

¿Seguirá, en impotente rebeldía,
Prometeo, para siempre, encadenado;
y Sísifo, agobiado, hasta la cima,
sobre su espalda cargará la roca
para verla caer; eternamente
a la absurda faena condenado?

¿No hay nada que esperar? ¡Cuánta tristeza
invade el corazón... Todo ha concluido...!,
pues, "el fin de la historia" es, obviamente,
el oscuro Final de la Esperanza.
 
 

PERMANENCIA DE TU ROSTRO
                            también a Erundina

Ese rostro que estan tuyo, mas tan mío,
porque yo lo capturé con mi mirada,
inmutable, permanece en mimorada,
pese al tiempo y a Heráclito y su río.

Permanece, en este yo de hogaño frío,
como antaño su belleza inmaculada,
y sus ojos de esmeralda iluminada,
iluminan este espíritu sombrío.

Ese rostro -permanencia del pasado,
negación del devenir, instante fijo-
por amor con que le soy y le cobijo,
en perfecta trascendencia de lo dado,
con los rostros al unísono palpita
de Leonora, de Beatriz, de Margarita.
 
 

TIEMPO
       ..."un infinito desaparecer".
                     Sören Kierkeggard

                I
Palabra cabalística; burbuja
de nada sin adonde ni de dónde;
su pareja de sílabas esconde
enigma que a la mente sobrepuja.

A ruta que ni piensa ni dibuja,
silencioso, su tránsito responde,
y al paso de la muerte corresponde
su paso que las médulas estruja.

Su fuga de infinita paradoja
a pretéritos túneles arroja
cenizas del momento anonadado;
y van con el momento los empeños,
las lágrimas, las risas y los sueños
del rebelde titán encadenado.

                II
El angustiado corazón advierte
cómo del tiempo la perenne fuga,
irresistible, sin cesar enjuga
la pobre savia que la vida vierte;

Cómo le traza con la mano fuerte,
implacable, la ley que le subyuga;
y en su clepsidra, inmortal, conjuga
muriente vida con viviente muerte.

Absurda ruta que dolor rezuma
recorre el alma en la fatal jornada;
ayer es sólo como gris espuma

Del hoy vivido en la fugaz nonada;
mañana, sólo, la inquietante bruma
donde tiende la muerte su celda.
 
 

SONETO PARA BEETHOVEN

En tu armónica lengua que gravita
sobre mundos sinlínea ni color
¿qué angel pitagórico musita
su ser intemporal y posesor?

Rehuye lo inefable la finita
prisión de la palabra y su rigor,
tendiendo su pasión a la infinita
morada de tu numen progenitor.

En las cósmicas gamas que desatas
-conciertos,sinfonías y sonatas-
confundirme quisiera con amor,

y, oyendo la canción del absoluto,
escapar de mi mundo diminuto
a tu aéreo país subyugador.
 

NO PUDE IGNORARLOS...

Soñaba retirarme,
aislado y displiciente,
a un mundo sólo mío.
Era un jardín pequeño
de nardos y agapantos,
rosales y jazmines,
con pájaros cautivos
de música y color,
y en aquel mundo mío,
de cuando en cuando, a veces,
excéptico perderme
en un abstracto y frágil
absurdo laberinto
construído para mí;
o, a veces, casi siempre,
sibaríticamente,
salomónicamente,
esperando la muerte
saborear con fruición
el vino de las viñas
y el vino del amor.

No pude.

Afuera rueda un mundo
de lágrimas amargas
y llanto desolado;
de sangre derramada
y esqueletos mordidos
por lobos silenciosos
que inmunes manipulan
ensangrentadas manos
ocultas en la sombra;
de hombres cuasi cosas
ceñidos por los grillos
del tiempo enajenado;
de madres macilentas
y criaturas escuálidas,
como hojas caídas
como rosas marchitas,
como pájaros tristes,
como perros sin amo.

No pude ignorarlos.
Rompían la armonía
de mis pájaros raros,
el color de mis rosas,
el olor de mis nardos;
con su grito angustiado
destrozaron la augusta
soledad silenciosa
de mis vacuos y frágiles
laberintos abstractos.

No pude ignorarlos.
Penetraron muy hondo;
solidarias ternuras
sacudieron mi alma
y hoy me encuentro con ellos.
Ellos son "los que tienen
hambre y sed de justicia"
y hoy me encuentro a su lado,
compartiendo su lucha.
Simplemente a su lado.